La posesión de la momia

Cuando la hija de un periodista norteamericano desaparece en extrañas circunstancias en medio de una tormenta de arena en El Cairo, la armonía familiar queda desvastada. Resignados a la inoperancia policial y con el corazón destrozado, intentan recuperar algo de la calma familiar, pero ocho años después un llamado lo cambia todo: la pequeña Katie fue rescatada de un accidente aéreo, dentro de un sarcófago. Dispuestos a enfrentar una recuperación física y mental extenuante, la familia empezará a vivir una auténtica pesadilla milenaria cuando descubran que alguien o algo ha regresado con ellos en ese mismo vuelo.

Desde la primera escena, el director Lee Cronin le imprime su sello a un relato que cargaba desde el vamos con el peso de ser otra más de las tantas adaptaciones de la momia que regresa a la vida. Acá la vuelta de tuerca, en un relato de terror atrapante, radica en lo que deja de manera explícito el titulo en español de la cinta: la posesión. Un elemento siempre atractivo en las historias diseñadas para hacernos horrorizar. Y si el foco del mal es una niña que a priori parece inocente y en pleno estrés postraumático, mejor (o peor).

Cronin decide no darnos ni un segundo para respirar y nos mantiene siempre alerta durante más de dos horas: de Nuevo México a El Cairo, del infierno hogareño a las interminables extensiones de desierto. Tras el éxito de «Evil dead: El despertar», se nota que Lee tuvo luz verde para escribir y dirigir esta cinta que es una fiesta para los amantes del género. Además, detrás de cámaras se encuentra parte del experimentado equipo del universo de El Conjuro: James Wan, Jason Blum y John Keville, expertos en jugar con nuestros miedos más oscuros.

El elenco encabezado por Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace y Veronica Falcón está a la altura de la propuesta y no teme divertirse con los exabruptos marcados por Lee, ni siquiera cuando lo que vemos en pantalla nos saca un genuino «no da» y algunas risas que ayudan, desde ya, a descomprimir algo de los nervios que tenemos anclados en el centro del estómago.

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