Tales from the loop

Conocer algo de la obra del artista y diseñador gráfico sueco Simon Stalenhag es clave para adentrarse en una parte esencial de “Tales from the loop”, porque el clímax de imágenes digitales retrofuturistas y de historia alternativa está muy presente en la memorable fotografía de la serie.

Son los mismos paisajes nostálgicos de la Suecia rural que aparecen en la obra de Stalenhag, y que ahora están dándole una mística especial a la serie televisiva de Amazon Prime Video. Esa mezcla de objetos de los años 60 y 70, las esferas gigantes venidas de otro mundo y los robots conviviendo en la calma pueblerina hacen de esta serie una historia única.

Nathaniel Halpern, su creador, parece haberse interesado completamente por contar experiencias personales de manera universal. La apuesta no parece haber ido por descifrar los misterios del universo, sino más bien elegir casos, personas, modos de vida y situaciones excepcionales para contar de una manera muy sensible temáticas que indagan a la humanidad, como la incomprensión intrafamiliar, la identidad, la soledad, la muerte, la pérdida, y el desamor.

La receta entonces incluye grandes temáticas representadas con pequeñas y sensibles historias que, capítulo a capítulo, permean en personajes reiterados de un pueblo idílico. Mientras que en un capítulo un personaje puede ser absolutamente periférico, en otro será central, y quizás tenga oportunidad de una vida paralela.

Tales from the loop” logra recrear las grandes preguntas de la humanidad, aquellas que curiosamente aparecieron en la pandemia, en cada aislamiento social obligatorio en pos de evitar un virus desconocido y mortal. En la trama la incertidumbre que viven los personajes ante situaciones desconocidas pueden resultar muy parecidas a las cotidianas en este 2020 con Covid, mezcla de angustia y somnolencia.

El loop, bajo tierra y misterioso, puede ser pensado como sinónimo de lo incomprensible y sagrado que organiza nuestras vidas, y sus trabajadores parecen esconder grandes secretos que se irán develando en la historia, pero sólo de una manera sugerida, porque a fin de cuentas lo importante en la serie no es responder sino sumergirse en la indagación. Russ (Jonathan Pryce) y Loretta (Rebecca Hall) serán piezas claves de la continuidad de este motor vital para el pueblo. Y Cole (Duncan Joiner) sorprende desde una mirada infantil memorable.

La música de Philip Glass le aporta emoción a los momentos más significativos de la trama de esta serie que podría colocarse en la vertiente filosófica del sci-fi. De igual modo hay que decir que las temáticas y los personajes pueden resultar insuficientes a quienes busquen historias acabadas y de fácil comprensión. La apuesta parece haber sido más reflexiva y a libre interpretación, logrando momentos maravillosos con personajes diversos.

Por Marcos Mutuverría

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