Tona Passarelli: «Me gusta poder hablar de cosas que me inquietan sin solemnidad»

El 2 de septiembre estrena Vampiras, la nueva obra escrita y dirigida por Tona Passarelli, en el Teatro El Grito (Costa Rica 5459, CABA). En esta propuesta, el universo del terror gótico encuentra una nueva geografía en el litoral argentino. Con ecos de la literatura contemporánea de autoras como Mariana Enriquez o Samanta Schweblin, el espectáculo construye un relato donde lo sobrenatural irrumpe en un paisaje cotidiano para explorar los deseos, los miedos y las transformaciones que atraviesan la experiencia humana. Charlamos con su creadora antes del estreno.

-En Vampiras tomás una figura clásica del terror y la trasladás al litoral argentino de los años 90. ¿Qué posibilidades narrativas encontraste en ese cruce entre un imaginario universal y un territorio local?
-Me pareció divertido tomar un tema tan lejano y traerlo a un lugar que conozco. El vampiro está muy asociado a Europa, a los castillos, al medioevo, y me pregunté qué pasaría si una vampira terminara en un pueblo del litoral. Como en Formosa hubo inmigración alemana, tomé ese dato y mi vampira es alemana y los años 90 aparecen porque yo fui adolescente en esa época y crecí en una ciudad chica entonces tenia mucho material de donde sacar información real. El choque de una figura gótica que vivió en castillos y se encuentre en el monte formoseño y una joven de un pueblito de calle de tierra me parecía divertido y me entusiasmaba mucho explorarlo.

-Mencionás que la obra busca reivindicar a las mujeres vampiras alejándolas de los estereotipos. ¿Qué sentías que necesitaba ser revisado o resignificado desde una perspectiva contemporánea?
-La figura de la vampira en general esta construida desde la seducción, la sexualización o como una amenaza, como si una mujer vampira no tuviese otra opción que ser una asesina. Me interesaba correrla de ahí, humanizarla y pensar qué desea ella, qué teme, qué sucede con su cuerpo y con el paso del tiempo. En “Vampiras” hay dos mujeres muy diferentes, atravesadas además por momentos de la vida opuestos, y me interesaba que pudieran ser contradictorias, oscuras, graciosas, crueles o vulnerables sin tener que convertirlas necesariamente en víctimas ni en heroínas, la vampira se equivoca, comete errores, siente.

La obra protagonizada por Pilar Castiñeyras y Liza Polo se ubica en un pequeño pueblo del litoral durante la década de 1990. Allí, una joven fascinada por el imaginario gótico conoce a una misteriosa mujer capaz de ocultar, desde hace siglos, su verdadera naturaleza. Ese encuentro cambiará para siempre la vida de ambas y abrirá un universo donde el terror convive con el humor y lo fantástico dialoga con lo profundamente humano.

-La obra habla del deseo, la maternidad, el paso del tiempo y los vínculos entre mujeres, pero lo hace desde el terror, el humor y lo fantástico. ¿Qué te permite abordar ese género que quizás sería más difícil desde un registro realista?
-Me permite llevar ciertas preguntas a lugares más extremos. Una vampira que vive cientos de años, que sobrevivió a todo puede hablar de cualquier tema desde su lugar de vampira y eso la habilita a no tener que opinar de una manera realista o humana. Y el humor aparece justamente en esa tensión. Me gusta poder hablar de cosas que me inquietan sin solemnidad.

-Tanto en «Curuzú la novia» como ahora en «Vampiras» aparecen personajes femeninos fuertes, el litoral argentino y una convivencia entre lo cotidiano y lo sobrenatural. ¿Sentís que esos elementos forman parte de un universo autoral propio que querés seguir explorando?
-Sí, aunque es algo que fui descubriendo después de escribir. No me propuse conscientemente construir un universo común, pero cuando terminé Vampiras reconocí que tenia cosas en común que con Curuzú la novia: el litoral, los personajes femeninos, las leyendas, lo sobrenatural irrumpiendo en situaciones cotidianas y lo que mas me gusta humor frente a lo trágico. Hay algo de mi propia historia, es un territorio al que vuelvo y que todavía siento que tiene mucho para darme.

-En la info de la obra hay una frase muy potente: “No es necesario recurrir a la destrucción para asumir el poder”. ¿Cómo dialoga esa idea con las protagonistas y con la forma en que imaginás hoy a las heroínas —o las monstruas— dentro del teatro y del género fantástico?
-Esa frase es una pregunta que atraviesa la obra: qué hacemos con el poder cuando finalmente lo tenemos. Esto no lo dice la vampira, de hecho hay que ver si es algo que Layla logra o es un legado para las próximas generaciones de vampiras, yo no quería escribir mujeres moralmente perfectas. Mis personajes se equivocan, desean cosas incómodas, pueden ser crueles y tomar decisiones terribles. Me interesa que una mujer pueda ocupar también el lugar de la monstruosidad sin que la obra tenga que castigarla ni justificarla. Quizás ahí está para mí una forma de libertad.

«Vampiras», desde el 2 de septiembre los miércoles a las 21 horas en Teatro El Grito, Costa Rica 5459, CABA). Localidades disponibles en Alternativa Teatral.

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