La nueva película de Mike Flanagan, creador de las exitosas series de Netflix «La maldición de Hill House» y «La caída de la Casa Usher» entre tantas otras, vuelve a sorprender adaptando y dirigiendo uno de los relatos breves de Stephen King. El rey del terror también entrega hermosas fábulas sobrenaturales que nada tienen que ver con sus relatos cruentos más famosos, y esta peli es ejemplo de ello.
En una sociedad que lleva más de ocho meses sin internet, desastres naturales por todos lados y con el nivel de los mares creciendo al punto de eliminar regiones completas del mapa, el planeta se prepara para su extinción. En medio del caos y de la desolación, todos se preguntan quién es el «famoso» Chuck que comienza a aparecer en avisos publicitarios, cartelería pública y anuncios en las radios. Se le agradece por estos 39 magníficos años, pero nadie parece tener la menor idea de dónde surgió o cómo contribuyó al mundo. Con el reconocible estilo de Flanagan en la fotografía, las ramificaciones del relato y el uso del narrador en off, ese tercer acto que abre la película es el más confuso de todos, con un ritmo que se parece más al capítulo inicial de una de sus series que a lo que se espera de un relato cinematográfico.
Sin embargo, cuando la historia contada de manera retrospectiva nos lleva a los actos dos y uno para conocer a Chuck, su juventud, sus deseos, sus dolores, su infancia y sus deseos incumplidos, todo se envuelve en el aura de fantasía de King. La película, protagonizada por un magnético Tom Hiddleston -junto a Chiwetel Ejiofor y Karen Gillan- nos plantea preguntas sobre el sentido de la vida, sobre el uso de nuestro tiempo y la existencia de un más allá tras nuestra partida de este plano terrenal. Claro que lo verdaderamente importante de la cinta son esos planteos más que la entrega de respuestas. Eso ya es un trabajo interno de cada uno de nosotros.
