«Si no les darían cocaína a sus hijos, por qué les dan smartphones», se pregunta Gemma (Allison Williams) experta en tecnología y en los peligros de su mal uso. En medio del debate y del congreso norteamericano propulsando una ley de regulación de la inteligencia artificial, un conjunto de expertos en seguridad se propone implantar la IA dentro de cerebros humanos para que queden enlazadas ambas especies a favor de las misiones antiterroristas. Esto se da en medio de la confusión que genera el cyborg Amelia, una súper soldado que no responde a ningún tipo de configuración de sus creadores. La tecnología subyacente de este robot es la misma de M3GAN, la cual fue robada y mal utilizada por un poderoso contratista de defensa. A medida que la autoconciencia de Amelia aumenta, su interés de seguir órdenes de los humanos disminuye. Gemma se da cuenta de que la única opción es resucitar a M3GAN y mejorarla para hacerla más rápida, más fuerte y más letal. La IA está a punto de encontrar una rival a su altura.
¿Cuán preparados estamos para un ataque como este? ¿La humanidad puede tener alguna chance de sobrevivir si la IA se propone eliminarnos? ¿Cuánto tardará la raza humana en entrar en colapso y que la crisis global sea inminente? Lo curioso es que nada de lo que postula la película está lejos de suceder y al mismo tiempo se siente tan descabellado que desata más risas que pánico. Esta secuela del estreno de 2023, tarda un buen rato en ponerse atractiva y cuando logramos entrar en el código propuesto por el director Gerard Johnstone, podemos disfrutar algo de este delirio absoluto. Esta bad bitch 2.0 no es la secuela que esperábamos, pero de todos modos será celebrada por los fanáticos (si los hubiera) de la muñeca psicótica.
